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Al mismo tiempo que los villistas se preparan a nuevas y más sensacionales acciones de guerra, las guerrillas de los revolucionarios de Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí, así como las partidas que merodeaban en el sur de Coahuila, seguían enfrentándose con los federales, cuyos principales baluartes eran las ciudades de Monterrey, Ciudad Victoria y San Luis Potosí.
El martes 3 de junio de 1913, dueño de Matamoros, el general Lucio Blanco empezó a actuar como jefe de las operaciones de los estados de Tamaulipas y Nuevo León, según nombramiento conferido por Carranza. La ciudad de Matamoros, en el Estado de Tamaulipas, era puesto fronterizo, lo que permitía a Blanco obtener toda clase de pertrechos de guerra, tanto para sí como para los revolucionarios que lo solicitaran. Esta fue la causa por la que se llamó a Matamoros "el gran pesebre del Constitucionalismo".
Otro de los más destacados jefes que operaban en la cercanía era el general Jesús Agustín Castro, con su "Brigada 21", y el coronel Jesús Dávila Sánchez, con la "Sexta Brigada
El coronel Jesús Dávila Sánchez, era el otro jefe que luego de operar en San Luis Potosí había seguido la ruta hacia el Norte. Repuesto de las heridas que sufriera al atacar la ciudad de Matehuala, el lunes 28 de abril de 1913, salió con una columna de 400 hombres rumbo a Saltillo, ciudad que estuvo hostilizando a la vez que destruía las vías férreas de las inmediaciones. Unido a Eulalio Gutiérrez, que llevaba consigo 300 hombres, atacó la vía férrea que une a Monterrey con Torreón, impidiendo que le llegaran refuerzos de guerra al general Ignacio Bravo, en los días en que don Venustiano Carranza asediaba la "Perla de La Laguna". Sus correrías alcanzaban el sur de Coahuila, y regiones colindantes tales como Zacatecas, San Luis Potosí y Nuevo León.
En un pequeño poblado de Zacatecas vio llegar, exhaustas y mermadas a las tropas que, mandadas por los generales Salatiel Alarcón y Cándido Navarro, emprendieron una penosa odisea desde el Estado de Michoacán. El general Navarro había encontrado la muerte en una hacienda de Guanajuato y pocos días después el valeroso general Alarcón tuvo el mismo fin a manos de los pobladores del pueblo de Coeneo.
A principios de octubre, los mil hombres que formaban la brigada del general Dávila Sánchez atravesaron p estados de Nuevo León y Tamaulipas y llegaron a Matamoros, donde se unieron a los contingentes del general Lucio Blanco.
Para esos días el coronel Eulalio Gutiérrez incursionaba por otros rumbos de San Luis Potosí. Atacó Matehuala el miércoles 3 de septiembre pero sin resultado, y se dirigió a hostilizar el paso por las vías férreas que conducían a Torreón para dislocar el tráfico ferrocarrilero y obstaculizar el avance de las fuerzas federales que se hallaban situadas, desde Escalón hacia el poniente al mando del general Trucy Aubert.
También el coronel Alberto Carrera Torres, que operó en el Estado de Tamaulipas, dio mucho quehacer a los federales. En compañía de su hermano Francisco comenzó con una partida de 150 hombres que fue aumentando hasta sentirse capaz de atacar a la ciudad de Tula, a ochenta kilómetros de Ciudad Victoria. El miércoles 24 de septiembre inició el ataque con 800 hombres. El defensor de Tula era el teniente coronel irregular Clemente González, por delegación del jefe de armas en el Estado de Tamaulipas, general Juan de Dios Arzamendi. González, al advertir que los revolucionarios intentaban apoderarse del cerro El Picacho, envió para contenerlos al capitán Vicente Verástegui, trabándose un sangriento combate.
Los constitucionalistas se apoderaron de El Picacho e intentaron hacer lo mismo con el cerro de La Cruz, aunque infructuosamente. Al caer la tarde el combate Seguía sin menguar su intensidad. Los revolucionarios se adueñaron del cerro de La Peña y empezaron a atacar a la ciudad por el norte y por el oriente,
Con toda furia se combatió por todo ese día hasta que, al empezar a obscurecer, los revolucionarios abandonaron su empresa y emprendieron la retirada hacia el norte; en concepto de que dejaron 9 muertos y los federales capturaron 27 bestias que abandonaron los revolucionarios al retirarse, siendo el consumo de municiones federal, de 36.000 cartuchos aproximadamente .
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