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Al terminar estos breves apuntes escritos con desaliño e incorrección precisamente por serlo a la hora misma de registrarse los acontecimientos, no podemos menos que sentirnos honda y sinceramente conmovidos por todos los dolores, por todas las angustias que sufre la grande y amada Patria Mexicana, con los acontecimientos que se están registrando, con estas luchas pavorosas y sangrientas, en que se derrama la sangre de tantos esforzados luchadores, de tantos heroicos mexicanos que serenamente, resueltamente van a la lucha fratricida a sacrificar sus energías y su vida misma, para que mañana disfruten de libertad las generaciones que nos sucedan; para que nuestros hijos gocen de un porvenir menos denso y sombrío, para que nuestros postreros vivan la vida radiosa y espléndida de la Libertad. Al cerrar estas líneas no podemos menos que consagrar un recuerdo cariñoso y una tierna lágrima, por todos los buenos, por todos los valientes, por todos los que cayeron, sonrientes, de cara al sol, por la defensa de los ideales sacrosantos, por la defensa de esta Patria, angustiada y triste; pero siempre bendita y grandiosa. Bendecimos a los que han venido a la lucha para castigar a los detentadores del Derecho, a los traidores y asesinos viles que han pisoteado la Ley y han escarnecido la Justicia. Ojalá que pronto, cuando la guerra haya concluido, un monumento sencillo y austero señale a las generaciones que nos sucedan el camino del deber; y en el que se lea esta inscripción conmovedora y sencilla: MURIERON HEROICAMENTE DEFENDIENDO LA CONSTITUCION Y PROCLAMANDO LA IGUALDAD ECONOMICA DEL PUEBLO.
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Torreón, Coah. a 4 de Abril de 1914
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